5 claves para la reorganización de una empresa


Actualizado: 12 mayo, 2022 | Production Tools |

Las empresas no suelen plantearse modificaciones sensibles en épocas de bonanza, pero las cosas cambian cuando las cifras no acompañan.

En estos escenarios, es frecuente que se tomen ciertas decisiones fruto del miedo o la prudencia para diseñar un modelo de negocio más eficaz. Independientemente de los resultados obtenidos, la reorganización de una empresa debe responder a criterios racionales. Vamos a ver algunos de ellos.

Personas reorganizando una empresa frente al ordenador

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Estrategia de reorganización de una empresa

Es común que las empresas decidan emprender acciones correctivas de reestructuración cuando los resultados obtenidos no coincidan con los deseados. Sin embargo, esperar a que las métricas elegidas constaten el mal momento que se esté atravesando puede conllevar que las modificaciones lleguen demasiado tarde (es decir, una vez que “el daño está hecho”).

Hay factores cotidianos que pueden dar a entender que es necesario un cambio, por ejemplo:

  • Hay empleados que no conocen la función de otros departamentos o áreas.
  • La plantilla tarda demasiado tiempo en completar tareas.
  • Los trabajadores se quejan de que les falta información para hacer su trabajo.
  • El sistema de control interno no es eficiente.
  • Los empleados no cuentan con formación suficiente para realizar sus funciones.
  • La complejidad de los procesos internos obstaculiza la productividad.

Por ello, es recomendable que la reorganización productiva de la empresa se ponga en marcha de forma preventiva y no con ánimo correctivo. Cuanto antes se acometa la transformación, antes comenzarán a mejorar los resultados.

Puntos clave para la reorganización productiva de una empresa

1. Fijar metas en un timing concreto

No se puede acometer ningún plan si no se concretan los plazos y los objetivos. Muchas veces, las conversaciones sobre reorganización interna se quedan en el aire o carentes de forma, como si se tratase de una simple declaración de intenciones. Cuando se establece un plan de viabilidad con un timing determinado, una lista de tareas, una relación de costes y unos objetivos marcados, es más probable que el cambio se acabe haciendo realidad.

2. Poner al cliente en el centro

No debería ser necesario esperar a que las cifras de ventas decaigan para intentar atraer clientes nuevos. Es muy recomendable no dejar nunca de otear el mercado y seguir llamando la atención de compradores potenciales. En paralelo, es importante centrar la atención comercial en los clientes actuales más rentables o, en su defecto, que mayor volumen de negocio estén generando.

3. Reducción de costes

Esta es la primera medida que todo empresario o directivo acomete cuando el negocio no marcha como debería. El problema es que suele traducirse exclusivamente en recortar el tamaño de la plantilla, algo que podría desembocar en un servicio de peor calidad.

El control de costes no siempre debe abordarse desde esta perspectiva, sino de la de mejorar la eficiencia productiva de los empleados, es decir, optimizar su rendimiento, dotándoles de mejores herramientas e implantando procedimientos más eficaces.

4. Rentabilidad en las operaciones

Muchas veces se tiende a creer que lo que se debe hacer en épocas de crisis es vender más, lo que puede llevar a querer incrementar las cifras de facturación a toda costa. Esta estrategia, por muy lógica que pueda parecer, encierra el problema potencial de la falta de rentabilidad, es decir, que el coste de la venta no deje a la empresa un margen suficiente de beneficio.

Por lo tanto, conviene pensárselo dos veces antes de cerrar una operación cuya rentabilidad esté por debajo de un umbral mínimo que será necesario definir en los indicadores de productividad. No queremos decir que se deban suprimir estas prácticas, pero sí que no se adopten indiscriminadamente.

5. Fluidez en la comunicación interna

La necesidad de reorganización productiva podría surgir si se detecta una mala comunicación entre departamentos de la empresa, así como de una abundancia de malentendidos entre los empleados y sus superiores. Esto último es normal cuando los mandos intermedios no ejercen un liderazgo efectivo sobre sus equipos.

La productividad individual mejorará cuando los trabajadores tengan claro el rol que desempeñan en la organización, reciban instrucciones precisas de sus supervisores y sepan cómo deben comunicarse con otras áreas.


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